¿Cómo influye la infertilidad y los tratamientos de fertilización asistida en la pareja?

Lorena Caliz, egresada de la carrera de Psicología UK, realizó su Trabajo final integrador titulado “La vivencia de infertilidad: los procesos de reproducción asistida y su incidencia en el deseo materno“. El trabajo contó con la colaboración de Eva Giberti y fue calificado como sobresaliente.

¿Qué es la infertilidad?

Desde el punto de vista de la medicina, se define a la infertilidad como la imposibilidad de lograr un embarazo después de un año de mantener relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos o, la incapacidad de llevarlo a término dando a luz un niño vivo.

La imposibilidad de gestar un hijo, además de representar un hecho fisiológico fallido, tiene una estrecha repercusión en la vida anímica de la pareja, incluida la compleja red familiar y social a la cual pertenecen. La vivencia de infertilidad implica un fuerte impacto negativo, generando niveles elevados de ansiedad, estrés, frustraciones y fluctuaciones en la autoestima.

Cada sociedad esboza dentro de su visión del mundo una idea acerca del cuerpo, su valor y su sentido. El ideario social sitúa a la mujer siempre como madre, por lo tanto, si la mujer fracasa en sus intentos se trastoca ese ideario preestablecido.

¿Cuáles son las técnicas de reproducción asistida más frecuentes?

Se denomina técnicas de reproducción asistida a todas aquellas técnicas mediante las cuales se trata de aproximar en forma artificial las gametas femeninas (óvulos) y masculinas (espermatozoides) con el objeto de favorecer el embarazo. Algunas de estas técnicas son:

  • Inseminación artificial

Implica la introducción del espermatozoide a través de un catéter en el aparato reproductor femenino. Esta puede ser homóloga –cuando el procedimiento se hace mediante espermatozoides de la pareja de la mujer-, o heteróloga, cuando se utiliza para la realización de la inseminación esperma de donante anónimo.

  • Fecundación in vitro (FIV)

La unión de espermatozoide y ovulo se efectúa en una probeta, para la posterior transferencia del embrión formado al útero de la mujer.

  • Transferencia de embrión único (SET)

Se transfiere a una mujer el embrión formado en el aparato genital de otra mujer.

  • Transferencia intrafalopiana de gametos (GIFT)

Consiste en la canalización translaparoscópica de una trompa de Falopio de la futura madre con un catéter especial, para la colocación en el interior de dicho órgano de los gametos (ovocitos y espermatozoides) separados por una burbuja de aire.

Más allá de los problemas puntuales que pueda tener una pareja para concebir, hay un contexto social más amplio en el que toman relevancia estas técnicas de reproducción asistida. En las últimas décadas el rol de la mujer ha ido cambiando, impactando inevitablemente en los conceptos de maternidad y familia. Las mujeres priorizan cada vez más su carrera y su formación personal, con lo que el embarazo se pospone más allá de las presiones del reloj biológico.

Avances tecnológicos como la inseminación artificial, la fecundación in vitro y la posibilidad de congelar óvulos colaboran con esta decisión. Otra opción aún no reglamentada en nuestro país es el alquiler de vientre. Todas estas posibilidades, a su vez, abren el campo de la maternidad y la paternidad para las parejas homosexuales, las mujeres que deciden ser madres solteras y los padres solteros.

Madre e hija

¿Qué implica la infertilidad para la pareja?

El problema de la infertilidad está adquiriendo una presencia cada vez mayor en las sociedades desarrolladas, implicando tanto al hombre como a la mujer.

La Organización Mundial de la Salud incluye a la infertilidad dentro de las enfermedades crónicas, pero con diferencias del resto de los padecimientos físicos ya que no afecta a la funcionalidad de ningún órgano, no hay sintomatología asociada y no existe una amenaza real a las propias vidas. Igualmente, en la gran mayoría de los casos, el diagnóstico de un problema de infertilidad supone una auténtica crisis vital para las parejas, que presentan fuertes reacciones emocionales a su enfermedad y efectos sobre la autoestima, la sexualidad y las relaciones personales.

El malestar generado por los tratamientos resulta menos ansiógeno y disruptor que afrontar la idea de no poder tener hijos biológicos. El sentimiento de inferioridad, la depresión y la ansiedad frente al diagnóstico se ven compensados por la posibilidad de acceder al tratamiento. El modo en que cada sujeto va a verse afectado emocionalmente por el diagnóstico y el tratamiento es diferente en cada caso y depende de su personalidad, equilibrio emocional previo, recursos emocionales y conductuales, apoyo social externo, estado de sus relaciones de pareja, disponibilidad económica, etc.

El condicionamiento más duro de tolerar es el hecho de que una vivencia estrictamente íntima de la pareja se convierte en pública, al comenzar a ser supervisada y condicionada un tercero (el equipo médico). La pareja también puede experimentar aislamiento social, particularmente cuando sus amigos están ocupados en tareas parentales y organizan las actividades sociales en función de sus hijos. En un esfuerzo por evitar preguntas dolorosas sobre la ausencia de hijos o de planes futuros para tenerlos, estas parejas comienzan a evitar las reuniones familiares. El esfuerzo financiero que implican la evaluación y los tratamientos son una fuente adicional de estrés.

La ansiedad generalizada es el trastorno más frecuente en las situaciones de infertilidad. Consiste en una preocupación excesiva que ocurre casi diariamente por un lapso no menor a 6 meses. También se dan estados depresivos con sentimientos de tristeza vital y profunda en todas las áreas del funcionamiento relacional del sujeto (inter e intrapersonal).

Desde la perspectiva de la medicina somática existe una controversia en cuanto a la identificación del origen de los problemas de infertilidad, si son los factores psicológicos los que causan los problemas, o por si el contrario las cuestiones relacionadas con la infertilidad son las que causan el sufrimiento psicológico.

El rol del psicólogo

En el siglo XX se dan cambios profundos en el campo de la salud reproductiva debido a avances en los conocimientos médico-tecnológicos. En los años sesenta emerge un nuevo imaginario del cuerpo con la llegada de la anticoncepción oral, que separa la sexualidad de la reproducción. Veinte años más tarde llegan las tecnologías reproductivas que separan, esta vez, la reproducción de la sexualidad.

La manipulación del cuerpo en los procedimientos médicos requeridos por las técnicas de reproducción asistida tiene su impacto en la psiquis y nuevamente en el cuerpo, ya que se genera una ilusión de control sobre la biología y la anatomía (que se desvanece cuando los tratamientos fallan). Esta medicalización del proceso y sus implicancias emocionales abrieron hace algunos años un campo posible y la necesaria aplicación del psicoanálisis.

En el transcurso de los estudios diagnósticos o de los diversos tratamientos, el esclarecimiento de las dudas y la contención son imprescindibles y no se pueden resolver tan solo en la consulta médica. El espacio más pertinente es el psicoterapéutico, que permite tramitar las consecuencias del problema reproductivo en la subjetividad y minimizar la presencia de síntomas en la vida cotidiana. El abordaje debe ser integral y contemplar las esferas biológica, psicológica y social de los sujetos.

El psicólogo posibilitará la mediación entre paciente y médico facilitando el desempeño de los roles entre ambos. La asistencia psicológica puede aumentar el bienestar y equilibrio emocional de las parejas que están pasando por esta situación, habilitando un espacio propio de enriquecimiento de la comunicación y sostén.

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