En 1964, cuando la Psicología todavía buscaba su lugar en las universidades argentinas, la Universidad Kennedy decidió apostar por ella. Más de sesenta años después, esa apuesta sigue viva en cada aula, en cada práctica y en cada profesional que formamos.
Sabemos que la salud mental no se reduce a la ausencia de síntomas ni cabe en un diagnóstico. Es la posibilidad de que cada persona encuentre un lugar para su palabra, sus vínculos y su manera singular de estar en el mundo. Y sabemos también que se juega en lo cotidiano: en la escuela, en el trabajo, en la familia, en el barrio, en los modos en que nos alojamos unos a otros.
Por eso formamos psicólogas y psicólogos con solidez clínica, rigor teórico y compromiso ético. Profesionales que escuchan antes de clasificar y que entienden que no hay salud mental posible sin lazo social.
Nuestra visión parte de una certeza: la salud mental no es un estado individual que se tiene o se pierde, sino un proceso que se construye en relación con otros. Lo atraviesan la historia de cada quien, sus condiciones de vida, su cultura, sus vínculos y la época que le toca habitar. Por eso el sufrimiento psíquico nunca es solo un asunto privado: también habla de la soledad, de la precariedad, de la violencia, de los lazos que se rompen y de los que faltan. Pensar la salud mental así nos compromete a formar profesionales que no se encierren en el consultorio, sino que salgan al encuentro de la comunidad: en los hospitales y centros de salud, en las escuelas, en las instituciones y en los territorios donde el padecimiento muchas veces no encuentra quién lo escuche. Profesionales que trabajen junto a otras disciplinas y con las redes de cada lugar, que puedan alojar las nuevas formas del malestar sin patologizarlas y que apuesten a transformar las condiciones que producen sufrimiento. Esa es la herencia de una universidad que nació no elitista y comprometida con su medio, y ese es el futuro que queremos seguir construyendo.
La salud mental es un derecho, no un privilegio. Así lo sostiene nuestra Ley Nacional de Salud Mental, con su apuesta por el abordaje comunitario, y así lo proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esto supone garantizar el bienestar de todas las personas en todas las edades (ODS 3), reducir las desigualdades que también producen sufrimiento (ODS 10), construir sociedades más pacíficas e instituciones capaces de alojar en lugar de excluir (ODS 16) y asegurar una educación de calidad que forme profesionales a la altura de estos desafíos (ODS 4).
Hoy invitamos a estudiantes, docentes, graduadas y graduados a seguir construyendo espacios donde se pueda hablar, preguntar y pedir ayuda. Porque nadie debería quedar solo con su padecimiento.
Investigar, enseñar y servir a la comunidad. Así cuidamos la salud mental desde la Kennedy.
Mg. Agostina Ilari Bonfico
Directora de la Lic. en Psicología
Universidad Argentina John F. Kennedy