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Historias que inspiran

Comunidad Kennedy
Noticias
8 octubre, 2021

Compartimos con toda nuestra comunidad, una nueva historia que inspira que nos llena de orgullo.

Mi nombre es Héctor Gabriel de la Fuente, soy argentino de 58 años de edad,  desde muy joven a los 19 años, y después de haber prestado servicio militar en 1982  como tropa  no combatiente en el Conflicto por nuestras Islas Malvinas,  dediqué mis esfuerzos a la ayuda y el compromiso social, como convicción personal y religiosa, así con otras personas y sacerdotes fundamos tres pequeños hogares de Niños  de una Institución que presidí (Asociación Civil Jesús Amigo), además del honor tenía la responsabilidad de velar por los derechos vulnerados de las formas más terribles e inimaginables de las y los niños confiados a nuestro cuidado por distintas instancias judiciales  y estatales. Asimismo por mi profesión de base de Maestro Mayor de Obras acompañé a miles de familias desde dos Asociaciones Civiles (Comunidad de Apoyo Madre del Pueblo y Asociación Civil  Madre Tierra) a que pudieran acceder a un lote legal y con servicios donde edificar su hogar creando más de una decena de Barrios obreros legales en el Gran Buenos Aires, donde las familias con nuestro acompañamiento y asesoría autoconstruían sus viviendas y también trataban de resolver otros problemas como la salud, la educación y la alimentación de los niños.

En el camino fui formándome en estas temáticas de vivienda social e infancia en riesgo a través de cursos, seminarios y congresos y en la práctica diaria y el compartir con otros profesionales.

Invitado y becado por la Universidad del Salvador realice el Posgrado en Gestión y Administración de Organizaciones con Fines Sociales de la Facultad de Ciencias de la Administración de dicha Universidad.

Con mi esposa médica pediatra formamos una familia tenemos cuatro hijos de los cuales nos sentimos orgullosos, que viven en la Ciudad de Buenos Aires en la que era nuestra casa. Son personas de bien

También tenemos dos ahijadas adoptivas que vivieron en guarda judicial con nosotros durante cinco años hasta su mayoría de edad y un nieto adoptivo de la mayor.

Hace doce años cursé la Licenciatura de Servicio Social en la Universidad de Morón, hasta el primer cuatrimestre del 3er año y tuve que dejar de estudiar por motivos familiares.

Siempre tuve el servicio como vocación, pero además fui comprendiendo la importancia de la formación académica para poder realizarlo de más y mejor forma.

Quienes se nos presentan en la vida a través de diversos y misteriosos caminos merecen de nosotros, la mejor de las escuchas, pero también nuestras mejores expertices para acompañarlos a realizar sus vidas y/o aplacar sus penas y sufrimientos.

Hace 4 años que mi esposa y yo vivimos en Capilla del Monte Córdoba, básicamente nuestros ingresos son a través de dos cabañas de alquiler turístico y además somos artesanos certificados por la Dirección de Cultura municipal.

El año pasado antes de la pandemia me inscribí para tratar de terminar la carrera que con tanto ahínco persigo, la Pandemia mundial hizo que solo pudiera cursar el primer cuatrimestre para cuidar los ahorros familiares con los cuales sobrevivimos.

Así y todo, tratamos en nuestro pueblo de participar de espacios de solidaridad y acompañamiento comunitarios.

Solía decir un amigo querido que ya no está en este plano que algunos tenemos ciertos “emperramientos” nos emperramos en reconocer al otro como un hermano y ciudadano que merece nuestra empatía y solidaridad y que debe ser respetado en todos sus derechos, también que cuando emprendemos algo tratamos de concluirlo y dejarlo lo mejor plantado posible.

Con ese emperramiento deseo terminar la Carrera de Licenciatura en Servicio Social, aunque ya sea después de los sesenta años. No lo hago solo para mí, sino como decía Ceferino Namuncura para “Ser útil a mi gente”

No soy quien ni un sabio para dar consejos, pero si estoy seguro de poder afirmar que cuando uno hace las cosas que emprende no solo por uno mismo sino para ponerlo al servicio de la comunidad puedo asegurar que la vida es un poco más bella y más justa.

Con esto quiero animar a todos los que crean que pueden emprender un sueño de una Carrera Universitaria o un servicio que lo hagan con ese espíritu.

Nunca les aflojen a los sueños y si son comunitarios ¡mejor!, siempre se está a tiempo, no importa la edad ni la circunstancia.

Un saludo para todos.