El creciente uso de herramientas de inteligencia artificial generativa comenzó a transformar el modo en que las Universidades observan y valoran los procesos de aprendizaje. La posibilidad de que una respuesta escrita sea asistida o elaborada mediante estas tecnologías nos convocó a revisar las formas de evaluación en la Carrera de Abogacía y a centrar la atención en aspectos que, una producción terminada no siempre permite apreciar: la comprensión de los contenidos, el razonamiento, la capacidad de fundamentar una decisión y la solvencia para responder ante una repregunta.
Por ello, en 2026 la Facultad decidió fortalecer las instancias de evaluación dialogada y recuperar competencias que habían quedado relegadas. La expresión oral requiere, en este contexto, una atención particular. El avance de los procesos judiciales hacia modelos de inmediación e interacción directa exige que los futuros abogados conozcan el Derecho y que además puedan exponer sus argumentos con claridad, defender una posición, escuchar activamente y responder en tiempo real.
La implementación de una evaluación final oral en la modalidad UK Vivo constituyó una decisión académica y pedagógica que profundiza una forma de enseñar y aprender.
UK Vivo permite sostener encuentros sincrónicos entre docentes y estudiantes aun cuando no compartan un mismo espacio físico. Sus clases en tiempo real conforman un entorno en el que la palabra circula y el estudiante participa activamente de su formación. La evaluación final oral vino a potenciar esa lógica de encuentro en el momento de cierre de la cursada.
La experiencia se evalúa en la investigación “La enseñanza del Derecho en contextos digitales y las prácticas pedagógicas en la modalidad UK Vivo”, orientada a analizar cómo una propuesta mediada por tecnologías puede articular calidad académica, interacción pedagógica y formación práctica profesional. Desde esta perspectiva, la oralidad aparece como una expresión concreta del modelo educativo que la modalidad busca consolidar.
La decisión implicó recuperar una escena clásica de la vida universitaria: un estudiante que explica, argumenta y responde frente a un docente y adaptarla a un entorno contemporáneo. Aun mediado por una pantalla, el examen colocó al estudiante ante una interlocución inmediata, en la que la respuesta debía construirse con sus pausas, reformulaciones, aciertos y dudas. Esa dimensión procesual aporta información que difícilmente aparece en un texto finalizado.
El valor de la evaluación oral reside en la posibilidad de recorrer el razonamiento del estudiante: solicitar definiciones, pedir ejemplos, plantear objeciones, modificar supuestos, vincular contenidos, argumentar y contraargumentar. La repregunta permite distinguir entre la repetición de una respuesta y una comprensión capaz de sostenerse cuando el problema cambia.
Evaluar oralmente supone poner en juego competencias articuladas. La comprensión exige ordenar el conocimiento y jerarquizar ideas; la claridad requiere traducir conceptos jurídicos en argumentos precisos y pertinentes; y la escucha activa demanda comprender la pregunta y ajustar la respuesta a lo solicitado. A estas dimensiones se suma un componente estratégico: el estudiante debe decidir en tiempo real qué fundamento utilizar y cómo responder ante una observación. Esa exigencia reproduce, en escala formativa, situaciones propias del ejercicio profesional ante jueces, colegas, equipos de trabajo y clientes.
La instancia final dialoga, además, con una tradición formativa basada en la integración entre teoría y práctica. Las simulaciones de juicios y audiencias, el análisis de casos, las competencias de alegatos, los desafíos legislativos y las actividades de investigación y extensión que venimos desarrollando, colocan al estudiante en situaciones en las que debe interpretar, tomar posición, comunicarla y sostenerla. Cada exposición, debate o defensa constituye así una preparación progresiva para la evaluación oral y el desempeño profesional.
La evaluación final obliga al estudiante a integrar contenidos, reconocer relaciones y hacer visible su propio criterio. Para el docente, abre una ventana sobre la forma en que ese conocimiento fue apropiado, más allá de la corrección formal de una respuesta.
Su implementación requirió articular la dimensión académica con una organización capaz de sostener una cantidad significativa de inscripciones. El proceso involucró la identificación de los estudiantes en condiciones de rendir, la asignación mediante los sistemas institucionales, el seguimiento desde Virtualidad, la aplicación de criterios de calificación y la consolidación de resultados. La colaboración entre la Facultad, la Secretaría Académica, Sistemas, Virtualidad y los Puntos Kennedy permitió institucionalizar la experiencia mediante procedimientos trazables.
Este trabajo conjunto demuestra que la innovación tecnológica no se reduce a incorporar una plataforma. Su valor depende de las prácticas pedagógicas, del acompañamiento a los estudiantes y de la capacidad institucional para hacerlo posible. El entorno digital hace posible el encuentro, pero es la intervención pedagógica la que lo transforma en aprendizaje.
La investigación sobre las prácticas de enseñanza en UK Vivo permitirá profundizar el análisis de estas dinámicas e identificar buenas prácticas vinculadas con la interacción, el acompañamiento, la continuidad de las trayectorias y el desarrollo de competencias profesionales.
La oralidad en tiempos de inteligencia artificial aporta una escena distinta. Frente a la respuesta terminada, permite observar el pensamiento en movimiento; frente a la posibilidad de delegar la producción, recupera la responsabilidad de sostener lo dicho; y frente a una evaluación concebida como cierre, abre un último espacio de aprendizaje. En la formación jurídica, además, acerca el examen a las prácticas que definen la profesión: escuchar, interpretar, argumentar y decidir en presencia de otros.
Implementada en UK Vivo a partir de 2026, la experiencia concluyó exitosamente su primera etapa con las evaluaciones finales orales del primer cuatrimestre en todas las materias de la Carrera.
El paso dado resulta significativo. La Facultad de Ciencias Jurídicas recuperó una práctica histórica y la adaptó a las condiciones actuales mediante una modalidad basada en la interacción sincrónica, el acompañamiento y la formación práctica. En tiempos en que las tecnologías pueden producir respuestas cada vez más convincentes, la Universidad vuelve a encontrar en la conversación una forma de reconocer lo que un estudiante puede decir, de acuerdo a lo que fue capaz de comprender, justificar y asumir como propio.
Agradecemos especialmente a la Secretaria Académica de la Universidad, Dra. Marta Comoglio, por el acompañamiento permanente durante todo el proceso de implementación, así como a todos los profesores que asumieron este nuevo desafío con compromiso, responsabilidad y vocación académica. Su disposición para incorporar esta nueva modalidad de evaluación fue fundamental para el éxito de esta primera experiencia, reafirmando el objetivo compartido de fortalecer una formación jurídica de excelencia al servicio de nuestros estudiantes.